El 15 de septiembre del año pasado, Anna estaba con dos amigos en un aparcamiento cuando de repente los deslumbraron un par de faros.

Era un vehículo de policía con policías vestidos de paisano y paró junto a ellos.

Anna, que ha crecido en el barrio neoyorkino de Brooklyn, da vueltas a menudo con sus amigos en su automóvil.

Los policías se acercaron a Anna y sus amigos. Eran grandes y musculosos. Mucho más grandes que Anna.

Les mostraron sus identificaciones de policías y comenzaron a hacerles preguntas. Vieron que había marihuana en el vehículo y les pidió que se bajasen del automóvil.

Le pusieron esposas a Anna pero le dijeron a sus amigos, dos chicos, que se podían ir a casa.

Entonces se dirigieron, con Anna, a la comisaría de policía, en un automóvil sin ningún distintivo de ser de la policía, y los cristales de las ventanas traseras tintadas de negro.

Y entonces empezó el infierno.

Se turnaban para vi0l4rla

Mientras ella seguía con las esposas puestas, los dos policías se turnaban para vi0l4rl4.

Mientras uno conducía el otro la vi0l4b4 en el asiento trasero, mientras ellas les pedía que parasen.

Tras unos minutos, se paraban e intercambiaban los papeles.

Aproximadamente una hora después, la soltaron en la zona en la que la había encontrado.

Después de ser soltada, Anna se abrazó ella misma, se sentía confundida y acabó dirigiéndose una casa de la zona para pedir un teléfono y poder llamar y pedir ayuda a una amiga.

Los policía nunca detuvieron a Anna, ni hicieron ninguna denuncia, ni ningún informe. Horas después Anna fue al hospital con su madre y contó lo que había ocurrido.

Tras el examen médico, pudieron comprobar que había esperma de los dos hombres, Eddie Martins, de 37 años, y Richard Hall, de 33, en la vagina de Anna.

Los dos eran trabajadores del departamento de narcóticos de Brooklyn Souths.

Tras lo ocurrido, los dos policías presentaron sus solicitudes de dimisión y fueron acusados de vi0l4ción.

Pero después recibió un mensaje Facebook que lo cambió todo.

Su amiga le preguntó si tenía pruebas de que las relaciones fueron no consentidas.

Anna no entendía nada y contestó:

”No importa, ellos son policías de servicio, es una maldita vi0l4ción, estas son las personas a las que llamamos cuando necesitamos ayuda, no para mantener relaciones sexuales”.

Pero había algo en lo que Anna no había pensado. Tener relaciones sexuales con una persona bajo custodia policial no es ilegal en todos los estados. Y justo Nueva York es un de los 35 estados americanos donde está permitido.

Los policías pueden decir que las relaciones fueron consentidas y así no han incumplido ninguna ley.

Pero aunque está permitido, no es algo que esté bien visto y se está presionando para que se cambie.

Según Buffalo News databasm de los 158 policías que fueron acusados de agresión sexual, desde 2006, 26 fueron liberados porque dijeron que la relación fue consentida.

Después de que el caso saliese en los medios, Mark Treyger – miembro del ayuntamiento de New York – ha querido poner luz sobre el tema para que se trate y se discuta. “Nuestras leyes sobre el consentimiento sexual tienen que guiarse por el sentido común, la empatía, y la decencia”, escribe Treyger en una publicación en Medium.

Anna nunca imaginó que su historia iba a ser un trampolín para el cambio de la ley.

El apellido de Anna no se ha publicado para preservar su intimidad. En Facebook, Twitter e Instagram usa el alias de Anna Chambers.

Anna tiene esperanza en el futuro y espera que más policías puedan ser juzgados en el futuro si han cometido este tipo abusos.

”Todo lo que hacía falta era una voz” cuenta Anna a Buzzfeed News.

Nadie más debería pasar por lo que ha pasado Anna.

Pero me alegra que haya sido valiente y haya sacado a la luz el asunto para que se resuelvan estas injustas situaciones.

¡Comparte para apoyar a esta valiente! No estás sola, Anna.